SARAH
Aquello era un lugar oscuro. Muy oscuro, y me daba escalofríos. Se me erizaron los pelos de todo el cuerpo mientras una oleada de frío me invadía como una marea. Tenía miedo. ¿Dónde estaba? Curiosamente, no estaba atada ni amordazada. Podía moverme y hablar con total libertad, pero no se veía a nadie. O quizá alguien se estuviera escondiendo entre las sombras, observándome mientras yo intentaba entender qué estaba pasando.
«¡Hola! ¿Hay alguien ahí?», grité, escudriñando todo el lugar, per