—Elena... yo soy tu padre.
La reacción instantánea de Elena fue fruncir el ceño. La anestesia todavía no había perdido del todo su efecto; su vista de alguna forma se desenfocaba y estas personas, todas extrañas, le hacían sentir que estaba en una especie de trance. Quizás esto solo era un sueño... una pesadilla o lo que fuera, y su bebé ya no estaba.
No pudo evitar dirigir su mirada hacia su vientre, donde aquella pequeña curvatura aún se encontraba. Colocó su mano sobre él y su bebé, como si