Xander llevaba veinticuatro horas sumido en la desesperación absoluta sin saber nada de Elena. En ese tiempo había llamado a su madre infinidad de veces y exigido respuestas. Ella no le había dado ninguna, manteniendo la misma coartada: solo se comunicó conmigo para que buscara a la niña y darme los papeles de la custodia; Elena quería irse, dejó a su hija atrás, no le importó nada.
Claro que no le creía ni una palabra; Elena no era así. De irse, se hubiera llevado a la niña como en el pasado.