Brandon seguía dormido gracias al calmante que le había dado y estaba segura de que no despertaría al menos dentro de dos horas. Luna, por otra parte, estaba con la nueva enfermera, pero justo ahora no confiaba en nadie para cuidarla.
—Martha, debes quedarte. Cuida de mi hija, por favor.
—Señora, pero usted…
—Tranquila. No pasará nada malo —dijo mientras subía al auto con ayuda del chófer.
—En cuanto despierte el señor, le avisaré de inmediato.
—Gracias. Pero déjalo descansar, por favor. Estare