—¿Cuánto quieres? —preguntó ella.
—Diez mil libras —soltó Evans sin reparo.
Julieta se quedó rígida. Ella no era la del dinero; apenas había guardado algo a lo largo de los años, y ese dinero era principalmente para Luna y para su futuro incierto. Además, provenía de Brandon: un pago mensual que le daba por ser su esposa falsa a pesar de que, al inicio, ella se había negado a recibirlo.
¿Qué más podía pedir si él ya la estaba ayudando con la enfermedad de su hija? Pero Brandon era generoso. Dem