CAPITULO 80

AMELIA

Empujé las puertas del despacho sin molestarme en tocar, Lucas Knox estaba de espaldas revisando unos balances frente al ventanal, pero se giró en redondo al escuchar el golpe seco de la puerta. Al verme entrar, sus ojos se pusieron rojos y se encendieron de inmediato con esa furia y ese asco que ya eran parte de nuestra rutina familiar.

—¿Qué carajos haces aquí, Amelia? &m

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