AARÓN
Daba vueltas en la cama de mi habitación sin poder pegar el ojo. El recuerdo de Amelia me perseguía de una forma implacable, clavándoseme en la mente: su risa en la terraza, el roce de sus dedos, la silueta descalza de sus piernas caminando por la arena y esa mirada desafiante que me había dejado sin aliento. La tensión en mi cuerpo se había vuelto completamente insoportable, apretándome los músculos y acelerándome el pulso con una violencia que jamás había experimentado.
Me senté en el b