Mientras tanto, en el Gran Hotel Mirador, el salón de eventos del último piso resplandecía bajo las lámparas y las copas no dejaban de llenarse. Casi todos los familiares y conocidos de los Salazar habían asistido.
La madre llevaba un elegante vestido color vino y caminaba radiante entre los invitados. El padre, con una copa en la mano, conversaba y reía con sus socios. A todo el que se acercaba le contaba lo extraordinaria que era Isabela.
—Isabela siempre ha sido el ejemplo que todos quisieran