De niños, cuando jugábamos a la casita, Isabela era la princesa a la que todos querían rescatar. Gabriel era el caballero dispuesto a morir por ella y Mateo, el príncipe que superaba todos los peligros para salvarla.Yo, en cambio, siempre tenía que interpretar a la bruja malvada que todos detestaban.Al parecer, crecer no había cambiado nada.Si nadie me quería, elegiría la universidad más alejada de casa. A partir de entonces, habría demasiada distancia entre nosotros como para seguir aferrándome al pasado.***Como no respondía, Mateo insistió:—Isabela y yo ya decidimos postularnos a la Universidad Nacional. Apúrate y manda tu solicitud a alguna universidad de Santa Aurelia.Clavé la mirada en los 98 puntos que aparecían en la pantalla, pero no sentí la menor alegría. En los exámenes nacionales había obtenido mi mejor resultado hasta entonces. Con ese puntaje, tenía excelentes posibilidades de entrar a cualquiera de las dos prestigiosas universidades que acababan de mencionar.Sin
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