88. La voluntad
Minutos después, Heinz cayó en el pecho desnudo de Ha-na. Se recostaron en el sofá, cómodos en la cercanía compartida, disfrutando de lo que habían hecho. Era una paz que solo podían encontrar en esos momentos juntos, cuando el resto del mundo parecía quedar en pausa y solo importaban ellos dos.
Sin más palabras, simplemente se quedaron así, mirándose de vez en cuando, disfrutando de estar juntos.
Heinz recompuso su atuendo ene ella. Apagó el televisor y cargó a Ha-na en sus brazos, llevando la