16. La atención
—Está bien —comentó Heinz—. Colócate de pie. Yo lo compraré por ti.
Ha-na se levantó y obtuvo uno de chocolate. Se quedaron unos minutos hasta terminar. Pero los pies le ardían y caminar de regreso la lastimaría más.
Heinz se dio cuenta. Le ofreció el paraguas. Entonces, se encorvó y la cargó como princesa por la calle, mientras la sombrilla los ocultaba un poco.
Ha-na observó el rostro firme y serio de Heinz. Debido a su mala experiencia al ser abandonada, su estado de trance y su rabia, no ha