142. El presentimiento
Al salir, en vez de ir al penthouse, se dirigieron a otro lugar. Ha-na tenía una extraña corazonada que no la dejaba estar tranquila.
La noche era fresca y serena, y las luces de la ciudad se extendían como un océano brillante bajo el mirador donde Heinz y Ha-na decidieron pasar parte de su velada. Había sido una decisión impulsiva, un acuerdo tácito entre ambos para escapar, aunque fuera por un momento, de la presión de sus respectivas responsabilidades y la complejidad de lo que compartían.
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