124. El sofá
Ha-na percibía como cada fibra de su ser se encontraba al borde del frenesí. El calor que irradiaba Heinz se sentía como un incendio que abrazaba. Sin embargo, por eso estaba loca, porque no deseaba huir de esas llamas. Por el contrario, quería hundirse más en ellas, sentirlas consumir cualquier atisbo de duda o resistencia que pudiera quedar en su interior y que la llenaran con dureza y lava en su interior.
La textura de él le resultó extrañamente reconfortante. Sus ojos azules profundos que ta