123. La caricia
Heinz quedó embelesado con el rostro que tenía frente a él, aquella que siempre había considerado única, etérea, pero que ahora era una realidad tangible a su tacto. Los ojos de Ha-na, rasgados y profundos, lo observaban con una mezcla de deseo y fervor, como si lo llamara, nada más con esas perlas negras. Eran de un tono marrón oscuro, como la tierra mojada después de la lluvia, y reflejaban un sinfín de emociones que lo atrapaban en su intensidad. Su nariz delicada, perfectamente equilibrada e