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La cena fue un desastre… en el sentido más abrumador posible.

Linda quedó tan llena que le dolía el estómago. Los dos hermanos no dejaron de ponerle comida en el plato, como si fuera una huérfana hambrienta a la que se sentían personalmente obligados a rescatar.
Al final, sentía que o bien iban a alimentarla hasta matarla, o bien a asustarla hasta el infarto. Sinceramente, comer con esos dos era un deporte de alto riesgo.

Cuando terminaron, los hermanos empezaron a discutir de inmediato sobre quién debía acompañarla a casa. Linda estaba tan llena que apenas podía respirar, así que insistió en que volvería sola caminando para “hacer la digestión”.

Para su sorpresa

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