Eryx DeCostello
New York
–Una mujer sin vanidad, no es nada Eryx y adelante no te quedes viendo las galletas que quisieras comerlas todas – Me incitó a comerlas – Y tú también Carlo, tanto peleaste porque las hiciera y se les quedan viendo nada más.
Nos pusimos a comer las galletas mi abuelo y yo, después nos llevaron unos vasos con leche y así estuvimos un rato en silencio en lo que desaparecían las galletas del plato una por una hasta que no quedó ninguna de ellas y fue entonces que supe real