Eryx DeCostello
New York
Estaba en mi departamento llegando a descansar de un día muy ajetreado pero feliz, porque Ava y yo más y más nos íbamos acercando y eso me tenía de un humor inmejorable y de un estado de ánimo aún mejor. Me acosté en la cama a pensar en ella, cuando sonó mi celular y de inmediato lo saqué para responderlo con la ilusión de que fuera ella y aunque no lo era, la sorpresa era muy grata para mí, al ver quién me estaba llamando.
–Hola abuela, ¿Cómo estás?, ¿A qué le debo el