Eryx DeCostello
New York
Al día siguiente de ir a merendar con mis abuelos, llegué a la oficina, justo a tiempo y vi a mi hermosa Ava, como siempre ella ya había llegado. Me acerqué a ella y le di un beso tierno de buenos días. Me gustaban sus besos, la podía pasar besando sin importarme el tiempo.
–Buenos días Ava, ¿Cómo está la mujer más hermosa del mundo? –La saludé – A juzgar por lo que veo, se te ve muy bien.
Sus atuendos me volvían loco, eran sobrios y a la vez elegantes, le quedaban a la