Cuanto mejor la trataba Magnus, más aterrorizada se sentía Senna. Su comportamiento enigmático la dejaba incapaz de comprender sus verdaderas intenciones. ¿Qué estaba tramando?
Hace tres años, ¿cómo la había engañado, robado su corazón y su cuerpo, solo para enviarla a prisión, matar a su hermano menor y obligarla a beber aquel vaso de medicina abortiva? El dolor y el odio que le había infligido eran como una marca, grabados profundamente en su alma.
No, no podía vacilar. Tenía que vengarse. En