La voz venenosa le recorrió la columna a Senna, haciéndola estremecerse. Estaba a punto de lanzarse del columpio cuando un empujón súbito y violento la hizo volar hacia adelante. Soltó un grito de sorpresa al estrellarse contra el suelo.
Justo cuando trataba de incorporarse, un dolor agudo y ardiente atravesó su abdomen. Su rostro se tornó pálido como la muerte.
—¡Deberías haber muerto hace tres años! ¿¡Por qué sigues viva!? —se burló Astrid, vestida de sirvienta para colarse. Empuñaba un palo