Senna apretó los puños, la rabia recorriendo sus venas. Respiraba con dificultad, los ojos abiertos, llenos de lágrimas, clavados en él con un odio puro.
—Parece que no he hecho lo suficiente para que entiendas tu lugar —dijo Magnus, pasando un dedo sobre su mejilla herida.
Un rastro de sangre se manchó en su punta. Su mirada se volvió depredadora, como un lobo saboreando a su presa antes de matarla. —¿Dar a luz a mi hijo es la única manera de que comprendas lo que represento para ti?
Sus ojos