El momento de revelar el premio a la Mejor Actriz había llegado finalmente. Antes de que el presentador pudiera anunciar el nombre, el público estalló en vítores de “¡Zara!”, que se hacían cada vez más fuertes con cada segundo que pasaba.
Astrid se aferró a los brazos de su silla, llena de anticipación. En cuanto se anunciara el nombre, se levantaría de inmediato; no había forma de que Zara, una simple novata con solo una película, pudiera opacarla.
Este prestigioso premio, que se entregaba una