—Eh… —la criada dudó antes de preguntar—. ¿Y qué pasa ahora con el señor Kensington?
Al escuchar esto, Beatriz soltó una carcajada burlona.
—Qué perrito tan leal eres, preocupándote por tu amo en un momento como este. Pero quizá te decepciones: el abuelo Kensington se ha ido, y ya no debes esperar nada de él.
La criada se quedó paralizada ante esas palabras, como si no pudiera creer que alguien perfectamente sano pudiera desaparecer así, de un momento a otro.
—¿Lo has pensado bien? ¿O necesitas