Una fugaz sonrisa apareció en el rostro de Justine ante la repentina escena de celos de su exmarido.
—No juegues conmigo, Justine.
—¿De verdad crees que estoy jugando contigo para provocarte?
—Hipnotizas a un hombre con solo una mirada y no te da vergüenza hacerlo con mis empleados.
—No soy una mujer fatal.
—Claro que lo eres —respondió él con frialdad—. Me sedujiste y, después de traicionarme, me destruiste sin piedad. —Mientras hablaba, su rostro adoptó una expresión fría y calculadora—. Sé d