9. No tenemos nada de que hablar
9 No tenemos nada de que hablar
—No dejes que te afecte —dice Boris en voz baja mientras caminan hacia la barra—. No lo vale.
Boris la lleva a la terraza para que se distraiga, le pegué el aire y también para que beba algo.
—No me afecta —responde ella, aunque su tono es más tenso de lo que quisiera—. Solo quiero un poco de aire.
—No entiendo como ese tonto te cambia por esa mujer tonta —murmura Boris, con tono enojado— no hay nadie como tú, hasta dejaste de ir a la investigación secreta en Francia por él ¡Es un idiota!
Había una barra en la terraza y el mesero les sirve vino blanco cuando los ve acercarse a la terraza. Boris se apoya contra la barra, mirándola con una sonrisa tranquila.
—Eso ya no importa, ya estamos en trámites de divorcio —se encoge de hombros— de todos modos, funcionó para camuflarme estos años.
—Sabes, si quisieras, podría comprarte una joyería entera. Puedo conseguirte mejores joyas —dice con tono jactancioso, cambiando de tema.
—No necesito eso, Boris.