72. No pudo haber ido lejos
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—¿Se dio cuenta que la seguíamos? —pregunta uno de los hombres.
—No sé, pero desapareció en esa selva —señala el otro al norte.
La selva costera huele a sal, humedad y hojas aplastadas. Elise camina despacio, con cuidado, como lo ha hecho otras veces. Conoce este sendero. Lo ha recorrido sin prisas, midiendo pendientes, raíces, zonas resbalosas. La isla no es grande, pero tiene desniveles traicioneros, cambios bruscos de terreno que solo se entienden caminándolos.
Sabe que no está sola.