48. Alexa, música para bailar
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La fiesta avanza según lo planeado. La música fluye, las copas se llenan, los invitados ríen con esa alegría medida que solo existe cuando hay cámaras, acuerdos tácitos y reputaciones en juego. En el jardín iluminado y el gran salón de Ironcrest todo parece funcionar como un reloj caro. Demasiado perfecto.
Joanne no encaja en esa perfección.
Ha bebido más de la cuenta y eso se nota desde lejos. Camina con pasos inseguros, el equilibrio apenas sostenido por el rencor y la ansiedad que le arden en el pecho. Sus ojos buscan un punto fijo hasta que lo encuentra: Kristian. Sigue ahí, demasiado cerca de esa estúpida rubia, demasiado cómodo, demasiado ajeno a ella. Joanne aprieta los labios y avanza sin pensarlo más.
Interrumpe la conversación sin pedir permiso. Kristian hablaba con una mujer de cabello blanco, despampanante, elegante, casi tan impresionante como Elise. Ambas parecen hechas del mismo molde peligroso: seguridad, belleza y una calma que Joanne ya no posee.
—Kris… neces