47. Pequeña traviesa
47
Kristian continúa hablando de negocios con una naturalidad impecable, como si no estuviera en medio de un salón repleto de poderosos ni sostuviera la cintura de su esposa con una posesividad que no pasa desapercibida. Cada vez que un socio se acerca, él la presenta sin titubeos.
—Mi esposa, Elise Lebedeva.
No dice “mi ex”, no dice “mi acompañante”. Dice esposa. Y cada vez que lo hace, su brazo se ajusta un poco más alrededor de la cintura de Elise, como si temiera que alguien intentara arrebatársela.
Elise sonríe, asiente, responde lo justo. El champagne fluye con demasiada facilidad y, aunque normalmente se controla, esta noche la burbuja dorada le sube más rápido a la cabeza. El murmullo constante, las luces, las miradas… todo empieza a resultarle pesado.
Se inclina ligeramente hacia Kristian y le habla al oído.
—Debo ir al tocador.
Kristian frunce el ceño al instante.
—Le diré a Jack que te acompañe —responde—. O mejor voy yo.
Elise gira apenas el rostro, mirándolo de re