38. Nada llamativo
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Freyja la observa en silencio.
—Aún lo amas —dice de pronto.
—Deja de decir tonterías —salta Elise enseguida.
Su voz es firme, cortante, como si necesitara poner un muro entre lo que Freyja insinúa y lo que ella no quiere volver a sentir. Sigue comiendo, pero ya no tiene el mismo apetito.
Freyja la observa con atención. No hay burla en su expresión, solo curiosidad genuina.
—Parece que le importas —dice con calma—. Entonces… ¿por qué te divorcias?
Elise deja los cubiertos sobre el plat