32. Dime qué no me quieres
32. Dime qué no me quieres
Elise apenas logra respirar cuando Kristian vuelve a besarla. No es un beso torpe ni perdido, es uno firme, exigente, como si él tuviera claro exactamente lo que quiere. La arrastra más cerca de su cuerpo, una mano fuerte en su espalda baja, la otra sujetándole la nuca para que no pueda apartarse.
—Kris… —murmura ella contra sus labios, intentando ganar espacio—. Espera.
Pero él no espera.
—Eres mía —dice de pronto, con la voz grave, cargada de una seguridad que la estremece—. Siempre lo has sido.
Elise abre los ojos, sorprendida por el tono. No es una broma, no es nostalgia. Hay algo posesivo, casi oscuro, en la forma en que la mira.
—Kristian, estás hablando raro… tu quieres estar con Joanne ¿recuerdas?
Él sonríe apenas, una sonrisa ladeada que no alcanza sus ojos.
—No. Estoy diciendo la verdad.
Vuelve a besarla, bajando por su mandíbula, por su cuello, respirándola como si necesitara ese contacto para mantenerse en pie.
—Te extrañé —murmura—. Nadie toca