Eduardo veía que su padre estaba furioso, pero como no decía nada concreto, estaba impaciente.
—Papá, ¿y ahora qué hacemos?
Teresa, nerviosa, no pudo evitar mirar a su esposo.
La atención de ambos lo hizo estallar.
—¿Por qué me ven así? ¿Tengo algo en la cara o qué? No se les ocurre nada, ¿es eso? En cuanto hay un problema, solo me voltean a ver. ¡No sirven para nada!
Las palabras de Mario fueron hirientes, y no dudó en incluir a su esposa en el regaño.
Pero Teresa también era de carácter fuerte