«Ay, no, que no se le ocurra aventar mi celular. ¡Por favor, que no lo vaya a romper! Apenas tiene unos meses, lo cuido más que a nada».
—Señorita Valeria, por favor, no se enoje tanto. Si quiere, yo puedo salir a hablar con la señorita Sofía.
—No hace falta. Yo hablo con ella.
Dicho esto, salió de la habitación con el resonar de sus tacones.
No quería quedarse en el cuarto del hospital porque temía que la discusión pudiera molestar a su madre y afectar su descanso.
Había que admitir que, aunque