Mientras tanto, Sofía pisó a fondo el acelerador. El carro negro salió disparado, dejando tras de sí una nube de gases del escape.
Con una mano aferrada al volante, se secó la cara con fuerza con la otra.
El rostro enfurecido de su madre y sus palabras hirientes resonaban en su cabeza sin cesar.
—¡Pusiste en ridículo a toda la familia Vargas!
—¿Acaso ya no te importo?
Esas frases se le clavaron en lo profundo de su corazón.
Sofía se mordió el labio inferior y pisó el acelerador aún más a fondo.