Pero Valeria no estaba dispuesta a dejarlo así.
Con una frialdad calculada, rompió el silencio.
—Mamá, ¿por qué no lo arreglamos aquí mismo? Ya todo el mundo escuchó lo que pasó, no tiene caso intentar ocultarlo.
Sus palabras parecieron sacar al resto de su asombro.
—¡Claro! ¡Estaba coqueteando con el esposo de otra! ¿Cree que tiene la razón? ¡Todos lo escuchamos! Tienes que darnos una explicación.
Una mujer con un vestido rojo fue de lo más tajante.
—Yo detesto a la gente como tú. Eres joven, b