Capítulo 301
Ella no quería tener nada que ver con esa clase de escoria.

—¿Ya no quieres que sea tu cuñado?

A veces, Eduardo se sentía un idiota. Por un lado, quería que Sofía lo respetara como el prometido de su hermana; por el otro, deseaba con todas sus fuerzas estar con ella.

Esa contradicción lo atormentaba, pero en ese momento su objetivo era uno solo: convencer a Sofía de que estuviera con él.

Ella se carcajeó.

—¿No te das cuenta de lo ridículo que suenas? ¿Me estás diciendo que te gusto, pero al mism
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