No esperaba que él se limitara a abrazarla en silencio, sin hacer nada más.
Por alguna razón, al pensar en eso, Sofía sintió decepción, como si una expectativa no cumplida le dejara un vacío.
Sacudió la cabeza, intentando deshacerse de esa extraña idea.
La siguiente vez que abrió los ojos, él seguía dormido.
Tenía los párpados cerrados y su expresión era tranquila.
La dureza que solía mostrar se había disipado, reemplazada por una ternura que rara vez dejaba ver.
Sofía no pudo resistirse y alzó