Aunque Daniel le tenía cierto respeto a su padre, no estaba dispuesto a aceptar una acusación tan injusta.
La actitud evasiva de su hijo lo enfureció todavía más.
—¡La empresa está como está por tu culpa! Ya todo el mundo me lo dijo, ¿y todavía te atreves a negarlo?
—¿Qué pasó en la empresa?
La inquietud comenzó a apoderarse de Daniel, la constructora era su respaldo, la base de todo lo que tenía.
Todo su estatus social, su prestigio, dependía de la empresa familiar. No podía permitirse que algo