Al ver la maniobra del otro carro, Sofía lo confirmó: la estaban siguiendo.
Ladeó la cabeza, confundida. No entendía por qué alguien la seguiría.
«¿Será alguien de la competencia?»
El carro, además, le resultaba familiar, pero no lograba ubicarlo. Sin embargo, por más que intentaba, no lograba recordar de dónde.
Tomó varias calles al azar para despistarlo, pero el carro seguía detrás. Su expresión se volvió seria, estaba claro que la seguían a propósito.
Tras pensarlo bien, decidió que no iría a