Jimena desvió la mirada, fingiendo no entender lo que Sofía decía.
—¿De qué hablas? No entiendo.
Sofía despreciaba esa falsedad y, sin decir palabra, se quedó observando en silencio la actuación de aquella mujer. Su actuación era tan burda que nadie en su sano juicio se la creería.
Pero, por increíble que pareciera, alguien sí estaba cayendo.
Diana, en una defensa ciega de su amiga, se interpuso frente a ella y le dijo:
—¡Deja en paz a Jimena! Ella puede decir lo que se le antoje, ¿y a ti qué? N