Alejandro contempló el delicado lóbulo frente a él; el deseo bullía en su interior, incontenible.
Sin más, inclinó la cabeza y tomó el lóbulo entre sus labios, mordisqueándolo con suavidad…
Acariciaba la espalda de Sofía mientras su imponente figura se cernía sobre ella.
Los gemidos entrecortados de ella se derramaron, solo para ser silenciados por sus labios, en un beso que se profundizó, volviéndose una caricia íntima y prolongada…
La intimidad entre un hombre y una mujer siempre tiene ese pod