Eduardo notó que algo no andaba bien con Valeria. Se acercó y la sostuvo con suavidad.
—Vale, ¿estás bien?
—Estás pálida. ¿Te sientes mal? ¿Quieres que te lleve a casa?
Valeria no quería irse.
—Estoy bien. Hoy es un día importante para mi hermana, ¿cómo podría perdérmelo?
Las últimas palabras las pronunció casi entre dientes con rencor.
No solo había fracasado su plan contra Sofía, sino que además tuvo que presenciar su momento de gloria. Aquello era algo que simplemente no podía aceptar.
«Sofía