Elena nunca había visto a Sofía así; un poco intimidada, asintió.
—Sí, sí. Tenía muchísima prisa, seguro tuvo algún problema en casa, si no, no se habría ido tan apurado.
Al oír esto, Sofía rio con leve desprecio, sin dignarse a responderle a su colega.
Sabía perfectamente por qué el gerente Durán había renunciado.
Simplemente, le avergonzaba tener que enfrentarla.
Y, además, estar atrapado entre ella y Valeria debió resultarle insoportable.
Con un plan ya trazado y los dos contratos firmados po