Capítulo 103
Entretanto, Alejandro acomodó con delicadeza a Sofía en el asiento del copiloto y luego ocupó el lugar del conductor.

La observaba con una ternura que, sin embargo, apenas lograba ocultar una profunda angustia.

La cercanía entre ambos era casi nula; él, con ese magnetismo arrollador que lo caracterizaba, provocó que un rubor intenso tiñera las mejillas de Sofía.

—Mmm... dame un poco de espacio, por favor.

Pero él, haciendo caso omiso a su petición, acortó todavía más la distancia, su torso casi
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