Capítulo cuarenta y nueve. ¿Vas a castigarme?
¿Vas a castigarme?
Arturo suspiró, no sabía cuántas veces lo había hecho ya esa mañana, Diego había solicitado verlo a tempranas horas y el guardia lo llevaba de camino a la sala de interrogación y no al área de visita, lo que no le daba buena espina.
—¿Diego?
El abogado se puso de pie, su rostro no era el de un hombre feliz por liberar a su amigo, pero no tenía nada que ver con el caso, sino con sus recuerdos, no había podido dejar de pensar en la mujer del antifaz.
—El juez ha ordenado tu