La voz de Sarah en el altavoz era un eco que parecía llenar toda la habitación, pero para Zackary y para mí, era mucho más que eso: era un milagro. Cuando dijo: —Sí, soy yo, mamá, ¿cómo estás, hijo? —sentí un nudo en el estómago. No esperaba que fuera tan directa, tan vulnerable.
Zackary soltó un grito emocionado. —¡Mamá! Te extraño mucho, por favor, vuelve.
Hubo una pausa al otro lado de la línea. Yo sabía que Sarah estaba llorando incluso antes de escuchar el leve sollozo que escapó de su gar