Sarah
Me desperté con la sensación de que el tiempo había dejado de existir, suspendido en el aire como el aroma de Cristhian que aún permanecía en la habitación. Él estaba allí, junto a mí, aún envuelto en el calor de la madrugada. Su rostro descansaba sobre la almohada con una sonrisa serena, casi como si no hubiera un futuro más allá de ese momento. Sus brazos seguían rodeándome, protectores, como si no tuviera que preocuparme por nada.
Pero yo sí tenía que preocuparme.
Mientras él se estira