Rubí dio unos pasos tímidos hacia mí, pero de pronto se detuvo.
—No —dijo, levantando la voz—. No iré contigo, Cristhian.
Devon se acercó a ella y se colocó a su lado. Una sonrisa se asomó en sus labios, una sonrisa de satisfacción que hizo que la sangre me hirviera. Sentí un calor abrasador subir desde mi pecho hasta mis sienes, el ritmo de mi corazón retumbando con fuerza como un tambor de guerra. Quería arrancarle esa m*****a sonrisa de la cara a golpes, borrarla junto con su presencia de la