Es algo extraño.
En mis sueños lo llamo por su nombre con una naturalidad que me asusta, como si siempre lo hubiera sabido, como si ese nombre hubiera vivido en mí desde antes del vacío. Pero cuando despierto, cuando abro los ojos y el mundo vuelve a pesarme encima, lo olvido por completo. El nombre se disuelve, se escurre como agua entre los dedos, dejándome solo con la sensación de pérdida, con una ausencia que duele más precisamente porque no puedo nombrarla.
—...no lo recuerdo —le dije al