—Sigo siendo más rápida que tú —gritó Priya mientras se ponía de pie en la orilla, con la respiración entrecortada—. Sigues siendo débil, hermano.
Y tú sigues siendo una fanfarrona, deseé decirle, pero todavía nadaba hacia ella. Me llevó unos minutos incorporarme; para entonces, ella ya se había alejado un poco de la orilla y exprimía su cabello con ambas manos.
La isla estaba igual que la última vez. Nada podía cambiar, porque no había nadie que moviera nada de lugar.
—Mira —dijo Priya, señala