El fuego llamado ira
—¿Por qué?
La palabra salió antes de que pudiera detenerla.
Mi voz sonó extraña incluso para mis propios oídos. Débil. Rota. Como si perteneciera a otra persona.
Me quedé mirando el sendero por el que Dominic había desaparecido apenas unos momentos antes. Mi compañero. Mi esposo. El hombre al que había amado durante años. El hombre que acababa de besar a otra mujer justo delante de mí.
—¿Por qué? —susurré otra vez.
La garganta me ardía. El pecho me dolía muchísimo. Todo me